martes, 5 de febrero de 2013

Money, money, money

Poderoso caballero es Don Dinero.

No se que tiene el dinero que me da tanto gustirrinín.

Cada vez que veo que me han ingresado la nómina me pongo como loca de contenta. Y es que no hay nada más gratificante. 

Muchos dirán que el trabajo les aporta madurez, conocimientos, desarrollo, integridad, sociabilidad y demás.

Todo eso está muy bien, pero lo que de verdad motiva son los cuartos

Reconozco que soy muy hormiguita para las cuentas y mucho más después de haber tenido que vivir más de una año con un subsidio de desempleo para dos personas. En esta santa casa el parné lo manejo yo. Yo soy la que se ocupa de hacer los pagos y la que sabe cuanto cuestan las cosas. 

Cuando se acerca la fecha de cobrar me paso el día mirando mi cuenta del banco (online por supuesto, que eso de hacer cola en la sucursal para que te actualicen la libreta ya no se lleva). Y el día que llega... Diooooooooooooosssssssssssssssssssss, ¡¡¡qué momentazo!!!

Pasado el furor de ver el engorde de mi cuenta repaso mentalmente los gastos que vamos a tener y decido que hay que ahorrar un poquito, que este mes sí, que si hemos vivido del paro y hemos llegado a fin de mes (dando tumbos, pero hemos llegado), ahora no debería ser difícil guardar algo en la buchaca. 

Pues va a ser que no. Lo bueno dura poco y el dinero tal como llega se va.

Supongamos que Santa Nómina nos visita el día 1. Al día siguiente ya están los recibos pidiendo pista para despegue: el seguro, el agua, la luz, el gas... Y hablando del gas... ¡Coño con el gas! ¡Joder con el gas! ¡Cagoen el gas! Por mucho que hagamos encaje de bolillos con el termostato, por muchas camisetas térmicas y forros polares que nos pongamos para ver la tele NO HAY MANERA DE REDUCIR EL CONSUMO. Que alguien me explique como se hace, porque yo no le encuentro la vuelta. 

Hemos llegado a un punto en que por el día no encendemos la calefacción. Y eso que mi marido sigue en paro y pasa la mayor parte del tiempo en casa. No le queda más remedio que echarse unos cuantos jerseys encima y unos buenos pares de calcetines si quiere sobrevivir aquí dentro. Cuando anochece y yo llego de trabajar nos estiramos un poco y ponemos el termostato a 18-19 grados para así podernos quitar el plumas para cenar.

Ni con esas. La última factura ha sido de 350 eurazos.

Y ahora me voy a tomar un caldito a ver si entro en calor.




domingo, 6 de enero de 2013

Queridos Reyes Magos


Queridos Reyes Magos:

No hace falta que os cuente lo buena que he sido este año, porque como sois magos, sabios y tenéis súper poderes  todo lo sabéis.

En el plano profesional he sido tan constante, perseverante y cabezota que he encontrado trabajo. Decidme si eso no merece un buen premio ¿eh? ¿eh?

En el plano conyugal he sido una esposa ejemplar. No siempre, oye, que una no es tonta. Y es que el pollo tampoco ha sido el marido modelo en todo momento. Pero el balance es muy bueno.

En el plano familiar he sido esa hija y esa hermana que todos quieren tener.  Bueno, no todos. En el caso de mi familia no tienen opción porque soy la única hija y la única hermana. Menos mal que yo me hago querer.  
En el entorno doméstico he mirado cada euro como si fuera el último antes de gastarlo. Lástima que la virtud de la austeridad se desvanezca con la primera nómina.  

El primer regalo que pido es un empleo para mi marido. Puede que parezca ambicioso por mi parte querer encontrar dos trabajos en los tiempos que corren, pero es que el hombre se lo merece. Y yo también, qué demonios, a ver si a este paso se va a aburrir y se va a querer volver pa las Américas.

Vuestro amigo el gordo barbudo vestido de rojo me trajo de regalo una gripe de la que no me libro ni con agua caliente. Os pido por favor que me devolváis la salud que ese c***** me quitó. Y que se descuide, que en cuanto me recupere le voy a meter el virus por donde le quepa. Y por donde no también.

Por cierto, que ese personaje os está quitando mucho protagonismo. Yo no quiero meter el dedo en el ojo y apretar hasta que se hunda, pero el muy HP se ha adueñado de la navidad. No hay más que ver la decoración en los centros comerciales y en las casas. En todo está él. Ahí, todo gordo, barrigón y sin afeitar. Si yo fuera vosotros me andaría con mucho ojito.

Ya no os respetan ni los comercios, que como consideran que el boom navideño ha pasado pues empiezan las rebajas el 2 de enero. Sí, sí, estupendo para los compradores, pero entre nosotros, es un menosprecio a vuestras personas.

Por último os pido deshacerme sin esfuerzo de los tres kilos que me acompañan desde que empezaron estas fechas tan señaladas. Lástima que la gripe no haya traído consigo (mejor dicho conmigo) la pérdida de apetito que le caracteriza.  Todo lo contrario, como no puedo moverme mucho porque no tengo fuerzas pues me dedico a engullir. Y así me va, claro. A este paso voy a acabar como el c***** ese que me robó la salud.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Se acaba el mundo y yo con estos pelos


Estoy en la oficina. Son las 10.55 de la mañana. Me estoy touching las pelots a dos manos pero tengo que disimular. No es que siempre esté ociosa, noooooo. Es que es casi navidad, hay poco curro y, sobre todo, pocas ganas.
Dicen en la tele que hoy se acaba el mundo. Manda huevos, tardo más de un año en encontrar trabajo y ahora se va a esfumar todo así de repente.
Ante la perspectiva de la inminente llegada del apocalipsis, he decidido adelantarme a lo que pueda venir y he estado cavilando sobre los pros y los contras de trabajar para ver si en la próxima vida me convenía buscar empleo o dedicarme a mis labores.
Pues bien, he aquí el resultado de mis reflexiones por orden de importancia:
PROS
1.       Cobrar. Santa Nómina Bendita. Eres tú tan bonita...
CONTRAS
1.       Falta de tiempo.
2.       Sueño. Madrugar. Sueño. Acostarse tarde. Sueño. Ojeras. Sueño.
3.       La muchedumbre en el Metro en hora punta tanto para ir como para volver.
4.       Culo plano y celulitis.
5.       Comer rápido y mal.
6.       Mandar whatapps a escondidas.
Soy consciente de la total carencia de originalidad de lo expuesto anteriormente, pero es real como la vida misma.
En mi próxima vida quiero ser mujer florero. Con pasta y con muchas amigas mujeres florero con pasta. Invertiría mi tiempo en cosas totalmente improductivas económicamente hablando, pero que me iban a sentar como Dios. Y que nadie crea que estoy tomando su nombre en vano. Todo lo contrario. Lo expresaré en formato oración/petición a ver si cae la breva, se apiada de mí y soy una de las elegidas.
Señor, por mi salud mental y por la de los que me rodean, te pido que me concedas una vida plena llena de satisfacciones y placeres terrenales sin tener que trabajar. Te ruego disponer de tiempo y dinero para disfrutarlo, para estar con mi marido, con mi familia y con mis amigos, para darme masajes, para hacerme la manicura e ir a la peluquería al menos una vez por semana, para ir al gimnasio sin que suponga un esfuerzo excesivo (pero que se note ¿eh?), para viajar, para dormir y para XXXX (eso, sí, justo lo que estáis pensando). No me dejes caer en la tentación de convertirme en una asalariada. Líbrame del mal de las arrugas y la celulitis. AMÉN.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Bio oficina

En mi nuevo trabajo abunda lo light y bio.

Todas las mañanas pasa una señora con un carrito vendiendo el snack de media mañana. ¿Y qué es lo que vende? Fruta y yogures (bio y de soja). Sólo eso. ¿Dónde quedó la sana costumbre de tomarse un donuts, un cuerno de chocolate o un croissant de esos que tienen tanta mantequilla que se te llenan los dedos de grasilla? 

En el cole en el que hice EGB (de monjas como mandaban los cánones de la época), había un bar al que íbamos en masa a la hora del recreo de la mañana y en el que sólo se vendían bollos y bolsas de patatas fritas. A la vez que nosotras engordábamos a base de ingerir bollería industrial, lo hacía también la hucha de las hermanas.

En mi siguiente cole en el que estudié BUP y COU (laico y mixto como a mí me gusta), nos daban un bocadillo a la hora del recreo. Sí, sí, un bocata. 

Pero en mi oficina no. Allí sólo se come comida sana.

A mediodía todos sacan a relucir sus tupper ideales en sus bolsas ideales. Pero ellos no comen de tupper porque son cutres. 
No señor. Ellos lo hacen porque son sanos. 

Traer la comida de casa, argumentan, es la única manera de saber lo que comes, de no ingerir calorías de más, ni grasas. Y una mierda. Todos sabemos que es una forma de ahorro. Eso sí, los tickets restaurante los guardamos para los atracones del fin de semana.

Con el alcohol pasa lo mismo. Nadie bebe. O eso dicen. Pero la cena de Navidad de la empresa ha dejado a todo el mundo en evidencia. Allí todos bebían, cantaban y bailaban como locos. ¿Porque estaban borrachos? 
No señor. Porque estaban contentos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Momento All Bran


Lo de ser nueva en un trabajo me plantea obstáculos, conflictos y situaciones difíciles de lidiar.
Por ejemplo, es la hora de salir y tú hace un buen rato que no tienes nada que hacer porque eres la nueva y tienes poco trabajo. Echas un vistazo a ver en qué andan tus compañeros y ellos siguen pegados al teléfono o sin levantar la vista del teclado. ¿Qué haces? ¿Te vas así sin más? Ni hablar. A ver si van a pensar que eres la vaga de turno y que se han equivocado al contratarte.
Así que disimulas y te pones a escribir la entrada del blog que luego vas a colgar cuando llegues a casa. Mirando siempre de reojillo para saber quién te está observando. Todo el rato incómoda y agobiada porque te crees el centro de atención, piensas que todos están pendientes de lo que haces para evaluarte. Nada más lejos de la realidad. Nadie te mira. La gente quiere terminar y marcharse.
Otro asunto delicado son las llamadas y mensajes personales. Yo tenía a todo el mundo mal acostumbrado. Se me podía llamar y mandar guasaps a cualquier hora, siempre contestaba. Pero eso se acabó. Ahora estoy en el medio de una oficina de esas abiertas donde todos nos vemos, nos oímos y nos olisqueamos. Mi pobre madre, cuyas llamadas alabé algunos posts atrás, no se atreve a marcar mi número, porque cuando lo hace le contesto entre susurros y le hablo tan bajito que se debe creer que le falla el oído.
Especialmente complicado esto de las llamadas cuando tienes que pedir cita con el médico, sobre todo si es para hacerte una prueba como una ecografía. ¿Ecografía de qué? Pregunta la señorita al otro lado de la línea. Cuando por fin tapándote la boca consigues susurrar "de mama" (lo pongo en color más claro para que se lea bajito), te contesta la muy impertinente en tono chillón "no le entiendo" (lo pongo en oscuro para que se lea alto), hable más alto por favor, ¿ecografía de qué? Y cuelgas el teléfono. Luego si eso me voy al baño y llamo desde mi móvil.
Y ya que hablamos baño, toiletteWC, excusado... El momento All Bran es la peor situación sin lugar a dudas. Porque cuando el apretón llega, llega. Y no puedes hacer nada para evitarlo. Es un momento incómodo per se cuando uno está fuera de casa, pero si estás en la oficina y encima eres nuevo apaga y vámonos. La cagaste (nunca mejor dicho).
La tripa te ruge y te pide a gritos que vayas al baño. Y tú que no, que no, que aquí no. Que es demasiado embarazoso. Que yo aguanto hasta llegar a casa (cuando la realidad es que te estás yendo por las patas).Y te enredas en un pulso con tus entrañas, en un tira y afloja del que seguro vas a salir perdiendo.
Porque vas a sufrir todo lo que te queda de jornada. Y, para colmo, cuando llegues a casa ya no tendrás ganas.

martes, 20 de noviembre de 2012

Apateando la ciudad

Estar todo el día sentada en una oficina tiene sus desventajas. Y todas se terminan notando en los mismos sitios: el culo y las lorzas. Parezco un shar pei cuando me siento.

Esta semana empecé mi plan de patear por la ciudad. Se trata de bajarme del metro 5 paradas antes, calzarme las zapas y pasito a pasito... hasta casa. 45 minutos. Siempre metiendo tripa para trabajar los abdominales. No está nada mal. Muy yankee eso de ir vestida de oficina y con las zapatillas de deporte, pero es lo que hay.

No se quien demonios puso de moda esas zapatillas (mejor dicho zapatones) para andar que parece que llevas calzado de ortopedia (sin ánimo de ofender). Para vendérnoslas dicen que activan la circulación, reducen la celulitis, mejoran la postura al andar, etc. Y una mierda. Aparte de más feas, más tochas y más pesadas, son como las demás. Pero yo las uso. Porque me creí lo que decían en el anuncio y ahora las tengo que amortizar.

Lo peor es mi recorrido. Paso por delante de un mercadillo callejero, tan bonito y tan navideño, por unos grandes almacenes con esos escaparates llenos de bolsos y zapatos que me llaman. Pss, pss, ven, ven. Y siempre alguna promoción (50% en la 2ª prenda, semana fantástica, 8 días de oro...), siempre algún reclamo. ¡Como para no picar! Así que acelero e intento pasar rápido y sin mirar (apretando bien el culo para trabajar los glúteos), porque lo único que faltaba es que andar me costase dinero.

Es bonito pasear, pero hacerlo como ejercicio es otra cosa. Hay que ir a paso ligero (un, dos, un, dos) para que haga algún efecto. Y claro, eso hace que te acalores, sudes y llegues a casa con la ropa tan mona que te habías puesto por la mañana hecha unos zorros.

En cuanto cobre voy a ver si me apunto a un gimnasio y dejo los paseos para el fin de semana.





domingo, 11 de noviembre de 2012

Síndrome de Estocolmo

Echo de menos las tareas domésticas.

Creí que la fobia al polvo (me refiero al que flota por la casa y se posa en los muebles) se me iba a pasar con eso de estar ocupada en la oficina.

Paaaaaara naaaada.

Hoy domingo, sin ir más lejos, me he levantado con ganas de sacar brillo a mi humilde morada.

Después de más de un año limpiando con esmero y dedicación le he cogido el gustillo. He descubierto que me entretiene, me relaja y me sube la autoestima. Porque nadie deja mi casa más limpia y más reluciente. Soy buena en esto.

Yo, que como ya he comentado en otro post antes muerta que sencilla, no se por qué extraño motivo encuentro satisfacción en calzarme las pantuflas, anudarme el pañuelo en la cabeza, enfundarme los guantes de fregar y pasearme por toda la casa cargando con el barreño lleno de productos de limpieza y arrastrando el cubo de la fregona (monísimo, por cierto, negro y rosa, divino).

Para colmo de los colmos de esta extraña metamorfosis que estoy sufriendo, hoy, disfrazada de fregona, me he descubierto acompañando el vaivén de la idem a ritmo de "se va el caimán, se va el caimán". ¡¡¡Cantada por mí!!!!

Menos mal que siempre cuento con el apoyo incondicional y la inestimable colaboración de mi marido, que tumbado me decía desde el sofá: "deja, deja, no limpies, que ya lo hago yo mañana".

JA. Él y yo sabemos que no lo va a hacer ni mañana ni nunca.

Es lo que yo digo, síndrome de esto-es-el-colmo.

jueves, 1 de noviembre de 2012

To tupper or not to tupper. Esa es la cuestión.

Y no me refiero al tuppersex. Esta vez no.

Cuando uno empieza en un nuevo trabajo una de las dudas que se le plantean es dónde, qué y con quién comer.

Analicemos las diferentes opciones:

1. Comer de menu en un bar / restaurante. Precio medio = 10 euros
2. Comprarte un sandwich o una ensalada y comer en tu mesa o en el banco de la calle. Precio medio = 5 euros.
3. Llevarte los restos de casa no tiene precio.

La opción 3, más conocida como "comer de tupper", es práctica común en casi todas las empresas. Ahora resulta que es lo más cool y lo más sano, porque te permite llevar una comida casera, variada y de bajo contenido en grasas y sal. Pero no nos engañemos, es la clásica "tartera" que los currelas han llevado a la obra toda la vida, preparada con esmero por sus queridas mujeres y regada, eso sí, con un buen Don Simón de treta brik y un sol y sombra de postre porque si no no hay dios que aguante.

Esta opción, además de popular, es la más económica de todas. En mi nueva oficina hay una sala grande que se utiliza de comedor. Tiene todo lo necesario para practicar el tupperismo: varias neveras, microondas, mesas y sillas a discreción y máquinas de agua y refrescos.

Hasta aquí todo bien. 

Por ser la nueva se me plantean varias dudas que se irán resolviendo según vaya conociendo las costumbres de mis compañeros.

La más importante: to tupper or not to tupper? 
Por todo lo expuesto anteriormente me decanto por "to tupper".

Ahora bien... ¿me hago la sana y la fina que come como un pajarito y me llevo una ensalada o un sandwich de pan integral y una manzana? ¿O, por el contrario, me llevo comida de la buena, de esa que apesta cuando la metes al microondas y que luego te deja el tupper lleno de aceite? Ya sabéis a lo que me refiero. Unas buenas lentejas con su choricito y su ajo (de las que repiten toda la tarde y te impiden levantar la cabeza del ordenador), las sobras del cocido de casa de tu madre, albóndigas con salsa y arroz, espaguetis boloñesa, pollo al ajillo, etc. 

Y otra duda. ¿Caliento la comida en un plato o como directamente del tupper? Al no tener confianza con el resto de comensales hay que elegir con mucho esmero el modelo de tartera que una se lleva a la oficina. Ahora que el tupperismo está de moda venden unos recipientes de diseño prácticos a la vez que estilosos. No se trata de los clásicos tupperware que todos tenemos en casa. En absoluto. Vienen con el tenedor incorporado y el bote para el ajilimójilis a juego con la tapa del recipiente. Una monada. Eso sí, cuestan más que una comida de menu (opción 1).

Y después de comer, ¿qué hago con la tartera? ¿Le paso un agua ahí mismo y la guardo en la bolsa chorreando o me la llevo sucia a casa y cuando llegue ya veremos?

El tupperismo hay que practicarlo con mucha elegancia. Y no todo el mundo sabe hacerlo. Es fundamental llevar la tartera en una bolsa con diseño. 
Sobre todo si se viaja en transporte público. Tú disimulas haciendo que llevas un regalo o una chuchería que te acabas de comprar. Pero sabes que todo el mundo sabe que lo que llevas en esa bolsa es ¡UN TUPPER! 

No importa. Antes muerta que sencilla. 





martes, 23 de octubre de 2012

¡¡¡Bingo!!!

Señoras y señores, ladies and gentlemen, madames et monsieurs.

¡¡¡¡He encontrado curro = empleo = trabajo = ocupación!!!! 


Sí, sí. Después de un año de intensa y laboriosa búsqueda he triunfado. Y de qué manera. Es un trabajo de lo mío y encima en una super empresa. Estoy como loca.

Sin embargo, mi opinión sobre lo difíciles que están las cosas en este país y lo más difíciles que las ponen algunos no ha cambiado ni un ápice. Lo que pasa es que una es muy lista y muy insistente. Mi padre dice que soy "como la de la petaca". No se quien es esa distinguida señora (o señorita) ni a que se dedica, pero a lo que mi progenitor se refiere es que cuando quiero algo no paro hasta que lo consigo.

Y lo he conseguido.

Que nadie se lleve las manos a la cabeza que no pienso dejar de escribir. ¡¡¡Tranquilidad!!! Si para algo me ha servido este blog en estos meses es para expresar mis sentimientos, desahogarme y compartir mi experiencia con quien quisiera leerla. Y pienso seguir haciéndolo. Porque digo yo que los primeros días y meses en un trabajo dan para escribir. El nuevo siempre es el más tolili del departamento, el primero que llega por la mañana, el último que se va por la tarde, el que come solo, el último en elegir los días de vacaciones, el tontodelbote que se queda sin puentes (porque alguien tiene que haber en la oficina), etc, etc, etc.

Y también pienso seguir buscando trabajo. Porque en esta casa somos dos y de momento sólo se ha colocado la mitad.




martes, 16 de octubre de 2012

Ama de casa

Siempre quise pegarme un año sabático y tener tiempo para mí y para mis cosas.

Después de 12 meses de inactividad laboral debo confesar que estoy hasta los mismísimos ovarios. Me paso el día colocando y recolocando cosas en casa, ordenando, moviendo muebles, que si esta mesa queda mejor así o asá, que si hay que poner una balda en la cocina, que hay que ver lo sucios que están los cristales, que de dónde sale tanto polvo...

Y todo esto vestida de maruja, con la coleta y en chanclas. En el cajón del baño tengo guardada (a buen recaudo, eso sí) mi bolsita de maquillaje. Por si algún día me sacan de paseo.

No se que pasa con la inactividad que toda se me va al culo y a la tripa. Por no hablar de mi cerebro, que lo tengo en stand by = encefalograma plano = do not disturb

A pesar de que tengo todo el tiempo del mundo he abandonado mi actividad física. El gimnasio cuesta pasta y lo de salir a hacer deporte así de motu propio como que no me motiva. Total, que la báscula me vacila día sí y día también. Mira, mira, tus kilitos del verano no bajan. Prueba otra vez.

¿Y mis manos? Mis pobres manos. La manicura queda para bodas, fiestas y grandes eventos (los cuales escasean en tiempos de crisis). Hace poco probé una de esas manicuras semipermanentes en un garito de chinos (barato barato). Se supone que aguantan todo (limpiar, fregar platos, la ducha... TODO). Pues no. Tuve que volver a retocarme las uñas al cabo de un par de días porque a una le faltaba un trozo que se me arrancó con un pelapatatas!!!! Sí, sí, pelando patatas. La chinita no entendía nada. 

Lo de estar ociosa debe molar mucho cuando se tiene dinero para el ocio (peluquería, gimnasio, masajes) y además amigas con las que compartirlo. Y una chica que te haga la casa, eso por descontado.

martes, 9 de octubre de 2012

Casi casi

Estoy pasando por el proceso de selección más largo de toda mi vida. Llevo ya cinco entrevistas y todavía no me han confirmado si me aceptan como animal de compañía.

He tenido dos entrevistas con mi supuesto futuro jefe, una con el jefe de mi supuesto futuro jefe, otra con mis supuestos futuros compañeros y la de hoy con recursos humanos. En inglés, para más inri. Ah, y antes de ir tuve que rellenar un test de personalidad de 150 preguntas. Joder, parece que quiero quitarle el puesto al Presidente. "Cagoen"...

Creo que el ciudadano de a pie no está preparado para el tipo de preguntas que me han hecho esta mañana. Menos el color de mi ropa interior me han preguntado de todo. A saber:

- Cualidades: todas.
- Defectos: ninguno.
- Qué esperas de tus futuros compañeros: que tomemos unos vinos después del curro.
- Qué cambiarías de tu vida profesional hasta ahora: nada.
- Cuál es la situación más difícil a la que has tenido que enfrentarte en tu vida: este proceso de selección.
- Qué haces cuando un cliente se cabrea contigo: terapia.
- Dónde te ves dentro de un año y medio, dentro de tres y dentro de cinco: en el Inem.
- Etc, etc, etc (que vuele la imaginación de quien lo lea).

Total, después de más de una hora y media de tortura mi futuro profesional sigue siendo igual de incierto. Pero estoy casi casi ahí.

Novedades: este mes paso a formar parte de los parados de larga duración.



martes, 2 de octubre de 2012

Inglis pitinglis


Let’s talk about your professional experience in English, please.

¿¿Eeeeinsss? ¿¿¿Cómorrr? Whaaat? Excuse me???

El inglés es un requisito indispensable si quieres buscar trabajo hoy en día en España. Digo buscar, porque encontrarlo es casi imposible aunque hables chino mandarín.

¡Tiene guasa!, en especial en este país en el que nuestros políticos necesitan ir acompañados de un traductor a todas partes. ¿Y qué me decís de nuestros expolíticos? Esos que cuando acaba la legislatura y dejan de gobernar dicen que van a aprovechar para aprender inglés. Mi no comprende, oiga (léase con acento de guirilandia).

De las varias entrevistas que he hecho hasta ahora sólo tres las he hecho en inglés, así que digo yo que no será pa tanto... Tengo la inmensa suerte de haber estudiado el idioma desde pequeña y de haberlo podido practicar, así que no tengo problema. Pero desgraciadamente no todo el mundo puede decir lo mismo.

Todas las ofertas de empleo piden un nivel muy alto de inglés y se valora que hables otros idiomas. Incluso para empresas en las que sabes que jamás vas a utilizar los idiomas porque su ámbito de actuación es 100% nacional. Para mí que es una buena manera de ahuyentar candidatos y de que las academias de idiomas hagan caja.

En una entrevista en una empresa de esas que gracias a la globalización llaman headhunter y que antes era una empresa de colocación, me pidieron que hablara un poco en inglés. Yo, que le doy a la húmeda con mucha facilidad, solté un speech con mi mejor acento a lo five o’clock tea y dejé sin palabras al entrevistador.

Y no lo digo por presumir de mis conocimientos del idioma, en absoluto, sino porque la persona que tenía enfrente sabía menos inglés que el profesor de Gomaespuminglis y no fue capaz de seguirme el rollo. Bien, bien, veo que con el inglés no tienes ningún problema.

Hoy he visto una oferta para teleoperador trilingüe. ¿De verdad se creen que alguien que hable tres idiomas se dedicaría a teleoperador?

sábado, 22 de septiembre de 2012

Estoy en racha


El lunes pasado tuve una entrevista. Me fue bastante bien. Encontré la oferta a través de Linkedin, lo que me hace pensar que la página es bastante seria. Me dijeron que me llamarían al final de la semana.

Toda contenta hago las maletas y me voy con mi hombre unos días de relax (más). No es que nos haya tocado la lotería, qué va, es que tenemos familiares y conocidos con “posibles”. Así que por el módico precio de dos billetes de 35 euros de Ryanair hemos disfrutado de unas mini vacaciones (más).

Nada más aterrizar en nuestro idílico destino suena el teléfono. Pensé que era mi madre para saber si habíamos llegado, quién si no. Qué equivocada estaba. Me llamaban de una de las empresas que me entrevistaron hace cinco meses y de la que nunca tuve más noticias. Y era para hacerme una oferta. Sí, sí, a mí, a la que nunca llega al final de los procesos de selección. Yo, crecida no, lo siguiente, dije que estaba fuera y que esta semana no podía ser (por supuesto estaba dispuesta a tomarme un avión de vuelta en ese mismo instante, pero quería tantear y hacerme valer). “Ningún problema, por supuesto. Cuando tú puedas”. Hemos quedado el lunes. Se me puso una cara de orgullo y de comerme el mundo que había que verme. No pienso en otra cosa desde entonces.

Al día siguiente otra vez el teléfono. Esta vez el de mi marido. Para citarle para una entrevista. Lo mismo, “estoy fuera, no puedo hasta la semana que viene” (y yo mientras buscando vuelos en internet para la tarde). Pero como todo tiene sus tiempos y la gente es medianamente comprensible le han citado para el lunes.

Pero esto no termina. Ayer me enviaron un mail de la empresa 1 (ver 1er párrafo) para decirme que había pasado a la segunda fase del proceso. El siguiente paso es preparar un caso práctico. También para el lunes.

Queda demostrado que no hay nada como relajarse y olvidarse un poco para que el tema fluya. Ya veremos la semana que viene. Ahora mismo tengo la autoestima por las nubes.

Baja Modesto que subo yo.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Tupper sex


No es que ahora me dedique a ir por las casas con una maleta llena de “juguetes”. Es que ayer salí de despedida de soltera y fui con mis amigas a una sesión de tupper sex.

Está bien, el tupper y el sex no tienen que ver con la búsqueda de empleo que es el objeto de este blog, pero el ocio también forma parte de la vida rutinaria de esta pobre desempleada. Y además es mi blog y escribo lo que me da la gana.

Quedamos a las 7 de la tarde cual quinceañeras que somos. La charla era en una tienda erótica especialmente destinada a mujeres. Vamos, un sex shop pero con paredes empapeladas y todo muy rosita. Divino.

Allí nos esperaba Laura, una chica muy dulce que era la encargada de instruirnos en la materia.

El mundo de los juguetes sexuales da mucho, pero que mucho juego. Jamás en mi vida pensé que iba a estar rodeada de miembros viriles de tantos colores, tamaños e incluso formas. Se nos iban los ojos y los dedos señalando. Mira, mira este. Pues mira este azul. Pues anda que el negro. Dioooooooooooosssssssss. ¿Esto existe realmente?

Están los que vibran, los manuales, con pilas, con cargador, con forma de auricular e incluso con mando a distancia. Este último es el que más me impactó. Es pequeñito y con forma de huevo (le llamamos el huevito). La gracia que tiene es que te lo pones así, sin más, normal, porque sí, te vistes y haces tu vida. Cuando tengas ganas de pasártelo bien aprietas el mando y a disfrutar. Parece un mando de esos de abrir puertas de garaje, así que pasa desapercibido. También puedes dárselo a tu pareja y que lo active cuando le apetezca.

Imaginemos por ejemplo que estamos en la cena de nochebuena con toda la family y llevamos el huevito puesto. Tu marido o pareja en cuestión decide que es hora de meterte un viajecito y aprieta el botón justo cuando le estás pidiendo a tu madre que te pase la saaaaaaaaaaaaaaaaalsaaaaaaaaaaaaaa para la caaaaaaaaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrneeeeeeeeeeee.

Allí estábamos las 12 escuchando la charla, muertas de risa y rodeadas de un montón de artilugios destinados a aportar algo de chispa a nuestra cotidiana vida conyugal.

Lo único malo son los precios. El mayor o menor precio es directamente proporcional al tamaño, obviously. Pero el punto de partida es bastante alto. Demasiado para mi bolsillo.

Me quedo con lo aprendido y con las carcajadas en la cena de después contemplando y comentando las adquisiciones de mis amigas.

Chicas, va por vosotras.

jueves, 30 de agosto de 2012

YO-NO-TRABAJO-GRATIS


He tenido una entrevista. Mes de agosto y alguien me ha entrevistado. Wow!!!!!!!!!!

Me he levantado muy contenta, he desayunado, me he aseado, me he maquillado y me he puesto el uniforme veraniego de entrevistas. Es que desde que no trabajo no tengo ropa digamos de oficina, así que entre todos mis trapitos tengo seleccionados dos modelitos para estas ocasiones, versión frio y versión calor.

Y he salido de casa tan contenta pensando que ya se lo decía yo a mi marido, que tengo muy buenas vibraciones para este año. Que sí, que nos va a salir todo redondo. Tralará, tralará.

Me han hecho esperar. No me importa. Yo lo valgo.

La entrevista ha ido muy bien. Hemos charlado amistosamente sobre ese apasionante mundo que es la publicidad y en el que me doy cuenta de que me estoy oxidando. Como siga sin trabajar voy a quedarme para vestir santos.

Lo mejor ha sido el postre. Ofrecían un trabajo para hacer nuevo negocio, es decir, traer clientes nuevos e incrementar la facturación. Comercial, vamos.

Eso sí, sin pagar un duro, porque no querían arriesgarse a contratar a alguien que no sabían si iba a funcionar.

Unos meses de prueba a comisión, me dice.
Ahhhh, bueeno, estoooo ¿y cuál es el porcentaje de la comisión?
Es que aún no está definido.
Tienes que decirme si te interesa y entonces valoramos tu candidatura y te llamamos para otra entrevista.
Sí, sí, claro, contad conmigo. No estoy muy acostumbrada a la puerta fría, pero para mí es un reto y bla bla bla.

Menos mal que mi macho man tiene los pies en la tierra y cuando se lo he contado me ha dicho: ¿cómo? ¿Qué? ¿Cuándo? Y lo que es más importante ¿cuánto?

Y he recapacitado. YO-NO-TRABAJO-GRATIS. 

martes, 21 de agosto de 2012

Barista

Hoy he recibido un email con este asunto: "Tenemos 145 vacantes nuevas de barista en Madrid / España".

La palabra barista me ha llamado mucho la atención. Se me ha pasado por la cabeza que a lo mejor era una forma de decir barman o camarero. Pero después he recapacitado y he pensado que no tenía sentido que yo recibiese una alerta para trabajar de camarera. 

Mmmm, serán las neuronas que aún no se han desperezado de las vacaciones. 

Piensa, piensa... ¿baristaNo, por barista no me viene nada.

Así que he buscado en la página de la RAE y el resultado ha sido: "La palabra barista no está registrada en el Diccionario".

Pero como la curiosidad mató al gato y soy mujer he seguido buscando. Y he encontrado esto en wikipedia: "Un barista es el profesional especializado en el café de alta calidad, que trabaja creando nuevas y diferentes bebidas basadas en él, usando varios tipos de leches, esencias y licores, entre otros."

Está bien, reconozco que me gusta el café y mucho más George Clooney, pero de ahí a convertirlo en mi profesión... no se. Tal vez sea una señal a raíz de mi nueva decisión de formarme. 

Como decía en mi post de ayer, la mayoría de las alertas que llegan por email no sirven para nada porque no se corresponden con lo que uno está buscando. O si no que alguien me diga qué tienen que ver los baristas con la comunicación y el marketing.


lunes, 20 de agosto de 2012

La vuelta


He pasado unas vacaciones estupendas y muy baratas gracias a la hospitalidad de mis padres. Aunque parezca mentira, los que buscamos empleo también necesitamos desconectar.

Reconozco que de vez en cuando miraba las alertas de empleo que me llegaban por email por si salía alguna muy urgente o extremadamente interesante. Pero nada.

Eso sí, cuando he vuelto y he revisado a fondo mi correo tenía (sin exagerar) más de 150 mensajes con ofertas. Por supuesto sólo tres valían la pena. Esto me ha hecho reflexionar y darme cuenta de la cantidad de tiempo que invierto todos los días en revisar alertas y páginas de empleo que en su mayoría no sirven para nada.

Así que con el ánimo por las alturas y las fuerzas renovadas a base de sol y playa he decidido empezar a formarme.

Dedicaré algún capítulo a esta nueva etapa.

sábado, 28 de julio de 2012

Cerrado por vacaciones

Voy a relajarme unos días. Porque los buscadores de empleo también nos merecemos un descanso.
Nos vemos pronto.

jueves, 26 de julio de 2012

Los 40


Ahora sí que ha llegado la crisis. Lo de la prima de riesgo y el Ibex 35 es pecata minuta comparado con mi drama personal.

He cumplido 40.

Muchos pensarán ¿y qué importa? No es para tanto. Por ejemplo, mi marido, que dice que los 40 de ahora son como los 30 de antes. Claro, como aún le faltan un par de años para llegar… Es que a mí me gustan jovencitos.

Recuerdo cuando empecé a trabajar. (Trabajar es una cosa que haces de lunes a viernes y por la que a final de mes te pagan). Tenía 24 años. Cobraba 60.000 de las futuras pesetas al mes. Era la reina del mambo. 

Progresivamente fui cumpliendo años y ascendiendo a nivel profesional y salarial. Era la reina del mambo.

Con veintitantos y treintaypocos años con mi gran amiga TAM, entre cubata y cubata, nos imaginábamos como sería la vida a los 40: “¿te imaginas? Al paso que vamos seremos dos viejas solteronas que viven rodeadas de gatos. Un Ballantines con Coca Cola, por favor”. Y nos moríamos de risa.

Pensábamos que los 40 no llegarían nunca y que si llegaban, nuestra mayor preocupación sería no haber encontrado marido y estar todo el día limpiando pelos de gato del sofá. Lo que jamás pensamos es que podría faltarnos el trabajo.

Y heme aquí con 40 recién cumplidos preocupada por ser demasiado vieja para encontrar empleo. Tendré que comprarme un gato.

viernes, 20 de julio de 2012

Los recortes


Se acabó hacer la compra online y que te la traigan a casa. Vivo en un segundo sin ascensor. En realidad es como un  tercero porque al entrar en el edificio hay un tramo de escaleras de acceso al portal.

Yo compraba en cualquier supermercado con servicio a domicilio (condición sine qua non). Y pedía que me trajesen la compra un día de los que venía la chica a limpiar para que colocase las cosas en su sitio. Yo no tenía tiempo.

Those days are gone.

Ahora tengo que recortar gastos, me sobra tiempo y además tengo un maromo desempleado que me sube la compra con una sonrisa y al que no tengo que darle propina.

El mercado, ese gran desconocido.

Me encanta ir al mercado. Busco, comparo y si encuentro algo mejor, lo compro. Es fantástico. El que no conoce el mundillo y no necesita ahorrar no se imagina lo gratificante que es encontrar el kilo de lubina o dorada a un euro menos en el puesto de al lado. Soy tan  friki  que voy por el mercado haciendo fotos con el móvil para comparar precios. Yo, me, myself, moi, la que compraba en el supermercado de El Corte Inglés online porque lo importante es la calidad y no el precio (como les decía a mis amigas).

Todo tiene su lado positivo. + amigos (el carnicero, el pescadero, el frutero… ¡viva la gente!), + ahorro, + interacción con la gente del barrio, productos + frescos.

Pero hay más cosas en las que se puede ahorrar. Veamos:

  • Nesspreso, what else? Yo te lo digo Clooney: 1 kg de café comprado en el supermercado y hecho en la cafetera italiana de toda la vida.
  • El seguro del coche. Gracias Rastreator.
  • El teléfono fijo, ese aparato que creíamos obsoleto. En absoluto. Es fantástico. Una tarifa plana y puedes hablar con tu madre todo lo que quieras.
  •  La página “no más 900” para no gastar en llamadas a los 902.
  • Débito sí, crédito no.
  • Tabaco de liar. Mejor no fumar, pero si es inevitable...


Y así tacita a tacita vamos reduciendo gastos. Eso sí, hasta que encuentre curro. Entonces volveré a hacer la compra online porque no tendré tiempo y porque, seamos sinceros, es muchísimo más cómodo.